11 de julio de 2009

Textos Husserlianos en Línea


Recientemente me he enterado (vía Alea) de la existencia en línea de algunos textos de Husserl que han sido colgados en el Katalog de la Universidad de Friburgo en Brisgovia (Alemania). Se trata, desde luego, de una excelente noticia para aquellos interesados en asuntos fenomenológicos.

Hasta el momento han sido colgados los siguientes textos:


Online-Ressource 1. Die Lebenswelt
Husserl, Edmund; Sowa, Rochus, 2008 [Online-Ressource]
Online-Ressource 2. Erfahrung und Urteil
Husserl, Edmund; Landgrebe, Ludwig [Hrsg.], 1939 [Online-Ressource]
Online-Ressource 3. Formale und transzendentale Logik
Husserl, Edmund, 1929 [Online-Ressource]
Online-Ressource 4. Vorlesungen zur Phänomenologie des inneren Zeitbewusstseins
Husserl, Edmund; Heidegger, Martin [Hrsg.], 1928 [Online-Ressource]
Online-Ressource 5. Elemente einer phänomenologischen Aufklärung der Erkenntnis. - 2., teilw. umgearb. Aufl.
Husserl, Edmund, 1921 [Online-Ressource]
Online-Ressource 6. Prolegomena zur reinen Logik. - 2., umgearb. Aufl.
Husserl, Edmund, 1913 [Online-Ressource]
Online-Ressource 7. Untersuchungen zur Phänomenologie und Theorie der Erkenntnis. - 2., umgearb. Aufl.
Husserl, Edmund, 1913 [Online-Ressource]
Online-Ressource 8. Husserl, Edmund: Philosophie der Arithmetik
Band: 1, 1891 [Online-Ressource]
Online-Ressource 9. Über den Begriff der Zahl
Husserl, Edmund, 1887 [Online-Ressource]
Online-Ressource 10. Ideen zu einer reinen Phänomenologie und phänomenologischen Philosophie
Husserl, Edmund [Online-Ressource]
Online-Ressource 11. Logische Untersuchungen
Husserl, Edmund [Online-Ressource]
Online-Ressource 12. Philosophie der Arithmetik
Husserl, Edmund [Online-Ressource]

9 de julio de 2009

El Desierto está creciendo...

«Nietzsche, el pensador, insinúa esta conveniencia oculta del pensar dotando a su obra Así Habló Zaratustra de un subtítulo que dice: 'Un libro para todos y para nadie'. 'Para todos', esto no quiere decir: para cada cual en el sentido de cualquiera. 'Para todos' quiere decir: para todo hombre en cuanto hombre; para todo aquel que, y en la medida que llega a ser para sí mismo en su esencia digno de pensarse - y 'ninguno' -; esto quiere decir: para ninguno de los hombres existentes en todas partes, que solamente se embriagan con trozos y frases de este libro chapoteando a ciegas en medio de su lenguaje, en vez de ponerse en el camino de su pensar y, con esto, comenzar primero que nada a ser problemáticos para sí mismos. Así Habló Zaratustra. Un libro para todos y para ninguno». ¡Qué inquietante es la forma en que este subtítulo de la obra se ha verificado en los setenta años que ha pasado desde su aparición - pero en sentido exactamente inverso! Llegó a ser un libro para cualquiera, y no asoma ningún pensante que esté a la altura del pensamiento fundamental de este libro y su oscuridad.

En la cuarta y última parte de este libro escribió Nietzsche la sentencia: 'El desierto está creciendo...', escribiendo en esta frase todo cuanto sabía. Porque esta palabra es el título de un canto que escribió Nietzsche cuando estaba más alejado que nunca de la vieja Europa nubosa, húmeda y melancólica. La palabra completa dice así: 'El desierto está creciendo: ¡desventurado el que alberga desiertos!' ¿A quien va dirigido este '¡Ay!'? ¿Pensó Nietzsche en sí mismo? ¿Y qué si hubiera sabido que precisamente su pensar había de acarrear primero una devastación en medio de la cual alguna vez, y procedente de otra parte, nacerían aquí y allá oasis y brotaría manantiales? ¿Y qué si hubiera sabido que él había de ser una transición provisional que señala tanto hacia el provenir como hacia el pasado, siendo por esto ambigua en todas sus partes, hasta en la forma y el sentido de la misma transición? Todo lo meditado indica que es así, como el mismo Nietzsche lo sabía y lo cual, por esta razón expresó a menudo en palabras enigmáticas. Ésta es también la razón por la que un diálogo pensante con él se va transponiendo de continuo a otras dimensiones. Por eso, frente a su pensar fracasan en un sentido especial todas las fórmulas y títulos».

Martin Heidegger
¿Qué Significa Pensar?
Quinta Lección

22 de junio de 2009

Pessoa y la Metafísica

Hay bastante metafísica en no pensar en nada.
¿Qué pienso yo del mundo? ¡Yo qué sé lo que pienso del mundo!
Si me enfermase, pensaría en ello.

¿Qué idea tengo yo de las cosas?
¿Que opinión tengo sobre las causas y los efectos?
¿Qué he meditado sobre Dios y el alma
y sobre la creación del mundo?
No sé. Para mí pensar en eso es cerrar los ojos
y no pensar. Es correr las cortinas
de mi ventana (pero no tiene cortinas).

¿El misterio de las cosas? ¡Qué sé yo lo que es misterio!
El único misterio es que haya quien piense en el misterio.
Quien está al sol y cierra los ojos
comienza a no saber lo que es el sol
y a pensar muchas cosas llenas de calor.
Pero abre los ojos y ve el sol
y ya no puede pensar en nada
porque la luz del sol vale más que los pensamientos
de todos los filósofos y de todos los poetas.
La luz del sol no sabe lo que hace
y por eso no yerra y es común y buena.

¿Metafísica? ¿Que metafísica tienen aquellos árboles?
La de ser verdes y encopetados y tener ramas
y la de dar fruto en su momento, nada que nos haga pensar
a nosotros, que no sabemos tomarlas en cuenta.
Pero ¿qué metafísica mejor que la suya,
que es la de no saber para qué viven
ni saber que no lo saben?

«Constitución íntima de las cosas...»
«Sentido íntimo del universo...»
Todo esto es falso, todo esto no quiere decir nada.
Es increible que pueda pensarse en cosas como éstas.
Es como pensar en razones y fines
cuando el comienzo de la mañana está rayando y por
los lados de los árboles
un vago oro brillante va perdiendo la oscuridad.

Pensar en el sentido último de las cosas
es exagerado, como pensar en la salud
o llevar un vaso de agua a las fuentes.
El único sentido íntimo de las cosas
es que no tienen sentido íntimo alguno.


Fernando Pessoa
Poemas de Alberto Caeiro


Postdata:

Pero recuérdese lo que le dijo Fernando Pessoa a Armando Côrtes-Rodrigues en una carta:

«Llamo insinceras a las cosas hechas para asombrar, y a las cosas también - fíjese en esto, que es importante - que no contienen una fundamental idea metafísica; esto es, por donde no pasa, aunque sea como un viento, una noción de la gravedad y del misterio de la vida».

Todo esto quizá porque, precisamente, hay bastante metafísica en no pensar en nada...



18 de junio de 2009

Félix Duque - Seminario Virtual de Filosofía

17 de junio de 2009

'La Ciencia No Piensa' (Heidegger) Según Weizsäcker

Capurro: Heidegger dice que la ciencia no piensa...

Weizsäcker: Lo cual hay que interpretarlo en el sentido de que la ciencia normal (en la terminología de Th. S. Kuhn) no piensa... es decir no cuestiona su paradigma. A diferencia de E. Husserl creo que la visión de los rasgos esenciales de un fenómeno no es algo inalterable, sino que tiene lugar en el tiempo y es cambiante de acuerdo con la experiencia. En la terminología de Platón diría que se trata de pensar la "idea" en el tiempo. No podemos salir del tiempo. No somos libres para hacerlo. Recuerdo la anécdota de que Einstein le preguntaba a Carnap y Popper qué es el tiempo, sin recibir una respuesta aceptable. Einstein intentó salir del tiempo: poco antes de morir, al contarle alguien que un amigo había muerto hacía pocas semanas, respondió que lo de "hace pocas semanas" era una ilusión... Para un físico creyente la distinción entre pasado, presente y futuro es una ilusión... Yo creo por el contrario que la introducción de la estructura tridimensional del tiempo, que explicita Heidegger, puede provocar una nueva revolución en la física, la cual a su vez tendría una repercusión en la filosofía. Ya en Platón y en Aristóteles encontramos el concepto central de "kínesis" o sea de movimiento. "Cronos", literalmente traducido "tiempo", es ya para Platón una representación derivada del "aión", un término que quisiera dejar aquí sin traducción y que implica la estructura temporal y se refiere por ejemplo a la duración de la vida de una persona.

La Deuda de la Ciencia Natural: Entrevista a Carl F. von Weizsäcker por Rafael Capurro


Más sobre el tema:

Jean-Michel Salanskis: 'Die Wissenschaft denkt nicht'

13 de junio de 2009

Sitio Web de Felipe Martínez Marzoa


Agradezco a Xesus Díaz el haberme hecho notar, por medio de una comunicación personal, la existencia del sitio web del filósofo español Felipe Martínez Marzoa (Vigo, 1943). La obra incansable de Martínez Marzoa comienza con sus dos tomos sobre la Historia de la Filosofía (1973), publicados cuando el novel filósofo promediaba apenas los 29 años de edad. Hoy en día es apreciado, no sin razón, como uno de los filósofos más importantes e influyentes en lengua castellana.

Martínez Marzoa ha publicado extensamente sobre la filosofía antigua y sobre filosofía alemana en general, donde destacan sus libros sobre Heidegger. He de destacar que se trata de obras filosóficas seminales y que yo mismo he tomado muchísimo de Martínez Marzoa (cf. El sentido y lo No-Pensado: Apuntes para el tema 'Heidegger y los Griegos', Murcia, 1985; Heidegger y su Tiempo, Barcelona, 1999) para entender el propio trayecto del pensar heideggeriano. En esto, me parece un autor fundamental y uno de esos intérpretes con los que uno difícilmente halla desavenencias.

Así que, si el sitio web de Martínez Marzoa (hasta el momento, apenas en etapa de prueba), continúa actualizándose al paso debido, tenemos muchísima razón en mantenernos expectantes respecto de lo que nuestro apreciadísimo filósofo se trae entre manos hoy en día.

Recursos de multimedia (videos) de Martínez Marzoa en la blogosfera filosófica (vía ALEA):

F. Martínez Marzoa: «Una Lectura del Leviatán» (Video de una conferencia)

Conferencia de F. Martínez Marzoa: «Música, Prosodia y Logos»


Video de la conferencia de F. Martínez Marzoa: «De Poder y Derecho»

Video de la conferencia de F. Martínez Marzoa: «El Concepto y el 'Mero' Concepto»

Coloquio entre A. Leyte y F. Martínez Marzoa sobre Heidegger


6 de junio de 2009

Pensar el Desierto Contra el Desierto



SER Y TIEMPO:
Estrategias Prolegomenales de Lectura




Leer la Nada

En § 2 de Ser y Tiempo (SZ en lo sucesivo), Heidegger ha definido la investigación – no cualquier investigación, desde luego, sino la que se lleva a cabo en su gran obra y, en general, en todo el trayecto de su pensamiento – mediante la aclaración de la estructura formal de la pregunta por el ser. La pregunta por el sentido del ser, dice, ha de ser planteada (gestellt werden), esto es, se trata siempre de una tarea que tiene carácter ejecutivo y cuyos fundamentos procedimentales no pueden dejarse abandonados a la suerte de la suposición y de la obviedad. ¿Qué significa investigar? Seguramente, el investigar y el preguntar se copertenecen, y toda investigación implica una búsqueda que está ya implícita o supuesta en el preguntar. Pero SZ, contrariamente a lo que podría suponerse o a lo que suele decirse desde la ‘opinión pública filosófica’, no se aboca a la tarea de plantear la pregunta por el ser. Esto quiere decir que Heidegger no es estrictamente un ontólogo, sobre todo si por ello se entiende la labor de dedicarse a la dilucidación definitiva de las categorías entitativas.

Lo antedicho, claro está, merece explicaciones ulteriores. La primera de las cuales, es una advertencia: de cómo se comprenda la primera página de SZ, depende en gran medida la subsecuente valoración de la obra. La obra se abre, no sin efectos dramáticos, con un prólogo en el cielo (pace H. Mörchen). El Sofista platónico aparece citado: es claro que desde siempre hemos estado familiarizados con la palabra ‘ente’, con la noción de ‘aquello que es’, y con lo que este término significa. Sabemos, o creemos saber, lo que significa que algo sea. Pero nos hallamos en aporía ahora que es ocasión de inquirir por el sentido de que algo, precisamente, sea (cf. Soph., 246a, 4-5). Acto seguido, Heidegger ejerce un traslado del ente (aquello que es) al ser (el sentido de que aquello sea) – que, por lo demás, muchas veces pasa desapercibido – mediante el planteamiento de dos cuestiones y de dos respuestas resultantes:

¿Tenemos hoy una respuesta a la pregunta acerca de lo que propiamente queremos decir con la palabra ‘ente’? De ningún modo. Entonces es necesario plantear de nuevo la pregunta por el sentido del ser. ¿Nos hallamos hoy al menos perplejos por el hecho de que no comprendemos la expresión ‘ser’? De ningún modo. Entonces será necesario, por lo pronto, despertar nuevamente una comprensión para el sentido de esta pregunta (SZ, Prólogo: 1).

Desde estas dos preguntas y de sus respectivas contestaciones, se desprenden aspectos inusitados del tipo de investigación que Heidegger se trae entre manos. Basta sólo notar aquello que nuestro pensador estatuye como propósito de su tratado: elaborar la pregunta por el sentido del ser. ¿Elaborar una pregunta, es decir, no responderla? ¿No es ese acaso un fin insignificante que, al final, nos dejará enteramente vacíos (como describía Jaspers la sensación que le quedó después de leer SZ)? Nos hallamos ante un tipo de investigación que tiene características especiales, pues el expreso propósito de elaborar la pregunta parece sugerir que SZ tiene la siguiente misión: enseñarnos a preguntar. Hay que aprender a plantear la pregunta de la filosofía y, en conexión con ello, hay que aprender a investigarla.

Ahora bien, dado que hay una inmensa recepción de la obra heideggeriana – si a favor o en contra, eso no importa en este momento – que no se ha demorado lo suficiente en la primera página de SZ (toda aquella recepción que afirma, como si fuera lo más obvio del mundo, que Heidegger es un ontólogo o que restauró los derechos de la ontología en la filosofía contemporánea, etc.), es menester analizar, paso a paso, lo sugerido en la obertura de SZ. ¿Qué significa, en efecto, ese desplazamiento del ente al ser? Seguramente, y en concordancia con la cita del Sofista platónico, que hay una perplejidad ontológica de vivir entre lo entitativo (que es archiconocido) que viene acompañada necesariamente por la aporía ineludible de preguntar por aquello desde siempre entendido sin poder dar cuenta de ello. Esto supondría el planteamiento de algo más amplio: la cuestión del ser en general. Pero hay que conceder que las aserciones de Heidegger son bastante extrañas. Habla, de hecho, no de restaurar de nuevo los derechos de la ontología vetusta (alicaída, diríase, en los tiempos modernos decantados por intereses sobre todo epistemológicos), y ni siquiera de contestar, por fin, la pregunta por el ser. Hay un error en la pregunta: se ha preguntado por el ser y se ha respondido con el ente, y se ha supuesto, así, la indiferenciación entre el ser y el ente. ¿Por qué no contestar, entonces, de una vez por todas? En primer lugar, porque las respuestas sobre qué sea el ser abundan: es la physis, la idea, la substantia, Dios, el sujeto, el espíritu, la voluntad, el hombre o lo que fuere. Pero sobre todo, puesto que, si entendemos bien de qué va el asunto en SZ, no es posible contestar. Habría que prestar, por tanto, atención a uno de los propósitos centrales de Heidegger en su obra: hay que despertar nuevamente una comprensión para el sentido de esta pregunta. Es decir, no sólo no sabemos, sino que incluso no nos interesa saber. La pregunta misma nos parece un sinsentido. Parte de ello, quizá, sea achacable a las respuestas dadas a la pregunta, que nos permiten distendernos y supuestamente darnos la licencia de despachar la cuestión ontológica, o bien como simplemente anticuada, si no es que como ininteligible o carente de importancia.

Pero el problema es más amplio. Desde luego, hay arraigados prejuicios ontológicos tradicionales que fungen como autoridad (poder que gobierna con falsas potestades, en el caso del pensar) para no preguntar por pretendidas necedades: el ser es indefinible, es obvio y lo siempre comprendido y supuesto, o es lo más universal y vacío (cf SZ, §1: 3-4), etc. No obstante, no se trata solamente de prejuicios filosóficos que precavan por lo pronto de una investigación infructuosa. Hay algo más que meros prejuicios que nos instala en aporía o en la sensación de que aquí no se pueden dar pasos ulteriores en la investigación. Debe concederse que la investigación es extraña, porque toda búsqueda que es motivada por una pregunta, se afana en lo buscado por el prurito de la resolución. Y, ¿qué ofrece Heidegger? Elaborar la pregunta y suscitar una comprensión para el sentido de la pregunta. Con todo, podemos de nuevo preguntar: ¿no es esto absolutamente insuficiente? ¿Estamos ante una empresa que quiere simplemente causar impresiones, avivamientos sentimentales u oscuridades de esas? Aunque en estos asuntos haya una tendencia hacia la impaciencia, se requeriría lo que Donald Davidson llamó the principle of charity, para que el tratado de filosofía más influyente del siglo XX (a juzgar por el espectro de su influencia descomunal), y su proyecto, no parezcan vanos y francamente estúpidos. Esto quiere decir que debemos demorarnos pacientemente en los dos primeros capítulos de SZ, aquellos que constituyen la introducción al tratado. Y esto no sólo con el propósito de comprender adecuadamente de qué va eso que sucede en SZ, sino en el entero camino del pensar (Denkweg) heideggeriano. Ulteriormente, desde el punto de vista de la historia del pensamiento, ello coadyuva a la comprensión más expedita del desarrollo de un extremo radical que surge de Kant y del subsecuente idealismo alemán, y que en Husserl alcanza un fastigio, pero que prefiere invertir el camino del pensamiento moderno.

Nuestro problema no se resuelve mediante el recurso a los insumos de la crítica moderna. La crítica moderna quiere reflexionar y, con ello, quiere alcanzar un ámbito temático de investigación. Pero de esa forma no se sale del Seinsvergessenheit, sino que incluso se lo prodiga y se lo extiende.

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