30 de abril de 2007

Tatián Sobre Heidegger y el Nihilismo

El Carácter Onto-Teológico de la Metafísica y la Cuestión del Nihilismo

La pregunta por la metafísica elaborada en la conferencia ¿Qué es metafísica? de 1929, introduce decisivamente en el pensamiento heideggeriano el problema de la nada, pero en un sentido y en un contexto completamente extraños a la temática del nihilismo; en una dirección que más bien conecta con la pregunta ‘¿por qué hay ente y no más bien nada?’, pronunciada originalmente por Leibniz en su meditación del fundamento, o bien con el comienzo de la Ciencia de la Lógica de Hegel, aunque la vinculación de ser y nada en el texto de Heidegger tenga un sentido muy diferente al de la dialéctica hegeliana . Es decir, la temática de la nada se mueve en el primer pensamiento de Heidegger en un círculo de problemas que nada tienen de ‘existencialistas’, y que no conciernen tampoco aún a la cuestión del nihilismo -que sólo a partir de la posterior disputa con Nietzsche alcanzará una importancia central. En ¿Qué es metafísica? el problema de la nada se articula a la trascendencia del Dasein y a lo que en un texto de la misma época, De la esencia del fundamento, se denomina como 'diferencia ontológica'.

A la vez ‘la nada es la negación de la omnitud del ente, es sencillamente el no ente’, y ‘lo que previamente posibilita la patencia del ente en general’ . De todos modos, como en general casi todos los primeros escritos de Heidegger, tampoco éste pudo sustraerse a los malentendidos que veían en él una argumentación de estilo existencialista, o bien un manifiesto nihilista. «Quien no haya, por cierto - escribe Heidegger en un texto posterior -, meditado nunca seriamente y en su conjunto la dirección fundamental de la pregunta por la metafísica, la salida de su camino, la ocasión de su despliegue y el círculo de las ciencias a las que se dirige, tiene que caer en la interpretación de que aquí se expone una filosofía de la nada (en el sentido de nihilismo negativo). Las interpretaciones erróneas, al parecer no extirpables, de la pregunta ‘¿qué es metafísica?’ y el desconocimiento de su posición, son sólo en una mínima parte consecuencias de una aversión hacia el pensar. Su origen se halla mucho más hondo».

Diego Tatián: Desde la Línea. Dimensión Política en Heidegger. Córdoba, Argentina: Alción. 1997.

28 de abril de 2007

Wittgenstein & Hitler

Dos Fotos de Charles C. Ebbets


25 de abril de 2007

Las Confusiones de Wisser

En una entrevista difundida en 1969, en ocasión del octogésimo cumpleaños de Heidegger, Richard Wisser reproduce prejuicios que aún hoy se mantienen impertérritos dentro del periodismo filosófico (el periodismo filosófico es la charlatanería - concebida ontológicamente como Gerede - de carácter académico y a veces simplemente cultural que no piensa, y que, en vez de cuestionar los conceptos fundamentales, los asume sin una apropiación destructiva de la tradición. La mayoría de los 'libros filosóficos' del mercado, se dedican al periodismo filosófico, que no al pensamiento). Según los prejuicios, Heidegger sería el pensador de las alturas del Ser, sin concreción, sin intereses prácticos, sin la preocupación de que la filosofía transforme el mundo; Heidegger, el romántico, enemigo de la técnica y de la ciencia, etcétera, etcétera. Ciertamente, la filosofía no puede salvar el mundo, pero cuando así se inquiere, se demuestra ad portas que no se comprende qué sea la filosofía y el mundo.

Heidegger replica: «La pregunta por el ser que he planteado no ha sido comprendida».

El siguiente es el texto en castellano: Entrevista del Profesor Richard Wisser con Martin Heidegger. Para los que sepan alemán, o para los curiosos que quieran escuchar la voz del viejo Heidegger, también pongo a disposición el audio de la entrevista.

Ernst Jünger: 'Conócete a ti mismo'

«No sólo nuestros ojos, sino, en general, nuestros sentidos, se parecen a los espejos por el hecho de estar orientados hacia el exterior y permanecer ciegos a su reverso. El Tapetum nigrum está vuelto hacia nosotros desde el ojo.

»En este sentido, la máxima 'conócete a ti mismo' sigue siendo la divisa válida para todos nosotros. Pues todos sentimos el poderoso empuje con que intenta succionarnos el oscuro abismo de la noche de la vida. Hay un conato violento y velado bajo formas siempre cambiantes que pretende someter de nuevo nuestra vida a aquella uniformidad prevaleciente en los nidos o en la oscuridad del útero materno. Aquí no hay felicidad, grandeza o derecho fuera de esta profunda y ciega homogeneidad.

Aquí reposan nuestras raíces; pero la trama de nuestra vida se entreteje con luz y oscuridad».

El Corazón Aventurero. Figuras y Caprichos. Trad. E. Ocaña. Barcelona: Tusquets. 2003.

24 de abril de 2007

Nihil: Nota Brevis

El nihilismo tiene que ver con la nada, pero no a causa de que su problema sea la nada. El problema del nihilismo es la lógica bivalente, la onto-lógica del ser y el no-ser, que no permite el tertium quid. En tal caso, el problema del nihilismo no es la nada, sino, muy a contrapelo, el algo, el algo entitativo, que se impone como todo baremo de inteligibilidad y que falsifica la nada del ser: no porque el ser sea la nada (en este caso, ya sería algo, la negación, el conjunto vacío, etc.) sino porque, precisamente, no es nada en tanto no es algo.

El problema del nihilismo es la cosa, ni más ni menos. El cyborg sería, tanto para Nietzsche como para Heidegger, la culminación de la maquinación humana, la cosificación más consecuente del nihilismo, el testimonio más expedito del olvido del ser.

23 de abril de 2007

Humano, Demasiado Humano

Recuento Nihilista

No sé si se habrán dado cuenta de que la convocatoria nihilista atrajo la atención, no sólamente de los blogs convocados, sino de otros que, al menos yo, no conocía. Alguien había propuesto crear un blog nuevo para la discusión sobre el nihilismo con el fin de no estar visitando tantos blogs. Pero creo que más bien se trata de visitar otros blogs y de que nos visiten. Aparte de mi colaboración, paso nota respecto de lo que ha aparecido en otros blogs del tema que nos ocupa.

Es una buena noticia saber de nuevo algo de Amalia, que andaba medio desaparecida y que nos ofrece su caradenada. Allí dice que «el nihilismo se cuela entre las piernas de la individualidad colectiva».

En Alalcomeneide, hay siete hipótesis nihilistas. Afirma algo que ciertamente habría que explicar más incisivamente, pero que me parece correcto: «El nihilismo nada tiene que ver con la nada».

Antes de las Cenizas ha ofrecido su entrada apología de la nada; primera parte de dos de un texto en que primero se ofrecen citaciones que serán abordadas en lo sucesivo.

Boulesis ha estimado en un poco sobre la nada que el nihilismo se acompaña de una serie de «dosis de dramatización de la existencia» y llamo la atención de que se ha desarrollado un interesante intercambio de opiniones en los comentarios acerca de la existencia del nihilismo.

Nietzsche sobre la línea es la colaboración del Espejo de la Realidad en que, naturalmente, se hace referencia a Jünger. Texto muy recomendable. Sobre Jünger también Horrach: Jünger y el nihilismo.

Hemicéfalo hace retrorreferencia a su extensa y sopesada historia del nihilismo; texto que incluso ha colgado en docs.google. Inmanencia se explaya sobre el nihilismo deleuzianamente, en razón de intensidades y velocidades, en la muerte de Dios: la esquemática vital del nihilismo.

Paloblanco-Cajanegra expone en la cara que elude y anticipa el nihilismo o la nada: ser otro el problema de ser otro como constitutivo de la problemática nihilista. Y siguen habiendo textos interesantes:

Memento mori: el camino al nihilismo especulativo
del Quimérico Filósofo.

Mi biblioteca llena de polvo de Seres Vacíos Entre Mundos Habitados y sobre el nihilismo en tres actos.

Chismería sobre la nada de Simposio Virtual.

Las varias reflexiones de Tábano Socrático sobre el nihilismo entre las que se cuenta nihilismo hueco.

Y, por último, las dos partes de la primera colaboración con que contamos: Nihilismo. Una discusión del Viejo Desencantado.

Creo que podemos, entonces, felicitarnos de haber dicho tanto de la nada. Situación paradójica que quizá no se vence del todo, a menos que se sepa que el decir es sólo ostensivo y que apunta hacia otra parte, un no-lugar (lo cual no quiere decir que no es sino radicalmente autorreferencial y, por tanto, obvio).

Saludos a todos y muchas gracias por el entusiasmo. Sigamos discutiendo.

*Último post del que tenemos noticia: Nihilismo, twitter, blogs y videojuegos de Rizomas. Además, a vueltas con la nada de Serenus Zeitbloom.

22 de abril de 2007

Adorno - Der Bürger als Revolutionär



20 de abril de 2007

El Problema de Decir el Nihilismo

Dice Derrida en ‘Cómo no Hablar. Denegaciones’[1] que «[e]l riesgo está inscrito en la estructura de la marca», y esa sentencia ha de tenerse como una provocación. Es una provocación, en primer lugar, porque la sentencia escrita utiliza marcas y, como tal, ya está marcada, es marca de suyo. Y al decir que es venturosa la empresa de utilizar la marca que ya está marcada por el solo hecho de mentarla, la frase misma se sabe riesgosa, al decir algo de la marca que, en cuanto marca, ya está sellada por la aparente derrota de haber sido designada. La marca está marcada, ¿a qué viene, entonces, la denegación de la marca si, en la tesis de su huella como marca, se asume el riesgo de que la marca marcada se anule en el acto? Se levanta aquí una cuestión tanto más grave: ¿Qué es todo esto del decir que no quiere decir diciendo?


La pretensión de hacer del decir un problema es superiormente más circunspecta, y hasta fatal, cuando se cae en la cuenta de que el ser humano se ha concebido tradicionalmente como el ser dotado del decir, como el ser del logos, porque como afirma Aristóteles en la Política, «la naturaleza no hace nada en vano, y el hombre es el único animal que tiene del don del habla» (Pol. 1253a, 9-10). Muy tempranamente, en el primer siglo de esta era, acaece la reducción y reinterpretación del logos en cuanto ‘razón’ (ratio) en una epístola moral de Séneca: «Rationale enim animal est homo»;[2] aquí, claramente, se trata de una traducción, es decir, de una interpretación y de una traición, del zoon logon echon aristotélico. ¿No será, acaso, que quien cuestiona el decir está jugando con el fuego peligroso de la irracionalidad? Yo lo niego. Hay una traspolación anacrónica flagrante cuando la ratio, que ya no es, no puede ser, logos, se concibe como una suerte de potencia del hombre, un atributo de la cosa-hombre, una característica cósica, potencia mental, pero accidente de la mera cosa, por más digno y elevado que fuere este accidente; cuando, muy contrariamente, el logos, en sentido griego, pertenece al leguein, es decir, es el recogimiento intuitivo de un mostrar de lo ya descubierto, que es siempre mostrativo, declarativo y ostensivo de algo que ya se ha visto con anterioridad y que, solamente cuando se predica, viene a declarar lo que ya ha visto. No es en vano el que Aristóteles acuñe la expresión to ti en einai, lo que ya era con antelación de su plasmación actual, para referirse precisamente a lo esencial. Según Heidegger, «[e]l eidos, como aspecto anticipado en la imaginación de lo que ha de ser formado, da la cosa con respecto a lo que esta cosa ya era y es antes de que fuera efectuada. Por ello, el aspecto anticipado, el eidos, se denomina también to ti en einai, lo que un ente ya era» (GA 24: 150). Esto quiere decir que el logos de los griegos antiguos no es la ratio de Séneca, ni la Vernunft ni la raison de los modernos. El logos ha llegado ya demasiado tarde en lo que respecta a lo que nos debe interesar, y no hay fundamento alguno para hacer aquí aspavientos de una crisis de la racionalidad, o para que, a contrapelo, nos felicitemos porque podemos calcular las proposiciones a causa de que somos avezados en la gramática de lo que decimos. Habrá que prestar atención, en lo sucesivo, a la exigencia de Goethe en su poema Gott, Gemüt und Welt: «Tú atente al porque, y no preguntes por qué» (Du halte dich ans Weil und frage nicht Warum).

Ahora bien, yo me atengo al porque. El porque es, de hecho, el problema. El problema es cómo decir el nihilismo cuando ya estamos instalados en el porque. Puesto que la tesis, ahora lo sabemos bien puesto que cuestionamos el decir, es problemática, y puede ser quizá el problema central de la filosofía. La tesis, del verbo griego tithemi, es un ‘poner’. Si yo me adscribo las pretensiones de traer una tesis, significa que yo pongo algo. Si algo es puesto, es porque hay un agente ponente que pone lo que ha de ser puesto. Hay un ejercicio tético, esto es, ponente, y quizá el don del ser humano de estar así dotado de logos no significa sino que posee, tanto de iure como de facto, la posibilidad del poner. La tesis, he dicho (y me arriesgo aquí a que se tome esto que digo también por ‘tesis’), es problemática; es, incluso, aporética, y si aporia, como recuerda bien Heidegger en una lección de 1927, «significa el no poder pasar, el ser-sin salida», ello coadyuva a que se principie «fijando los problemas de tal modo que parece como si en esa cuestión no cupiese avanzar» (GA 24: 330). Da la impresión, así, de que se nos aparece un gran portón de hierro de una impenetrabilidad infranqueable. Les ruego me permitan, en lo que sigue, propinar una serie de puntapiés diversos a ese pretendido portón o, por lo menos, minar la concepción reductiva y chata del logos.

He dicho – sin pretender que esto sea una tesis, porque es la tesis lo cuestionado – que el poner tético es problemático. Pero lo problemático es también el problema, puesto que en lo que ahora nos ocupa se trataría, en apariencia, de la inexsistencia de un problema, incluso de un pseudoproblema. La tesis es, como tal, ponente, y si pone, es tética puesto que lo puesto afirma un estado de cosas del mundo. Hay una ficción en la tética que es aneja a la presencia: afirmo que llueve, y la afirmación es válida, cuando, en efecto, se aparece la lluvia, y mi decir acierta respecto de un estado de cosas presente en el mundo. Empero, en concordancia con Aristóteles, uno de los testimonios más antiguos con el que contamos como antecedente, la tesis es de suyo paradójica y se refiere a un estado de cosas general del mundo: «[U]na tesis es un juicio paradójico de alguien conocido en el terreno de la filosofía, por ejemplo, que no es posible contradecir, tal como dijo Antístenes, o que todo fluye, según Heráclito, o que lo que es es uno, tal como dice Meliso» (Top., 104b 19 ss). El Estagirita añade, así pues, que «el que una tesis sea un problema es evidente: en efecto, a partir de lo dicho es necesario que o bien la mayoría discrepe de los sabios en torno a la tesis, o bien que unos u otros discrepen entre ellos, puesto que la tesis es un juicio paradójico» (Top., 104b 32 ss). Una tesis es una proferencia para-dóxica, a saber, queda siempre allende la opinión común, es polémica. No todo problema, en contraparte, es una tesis, se apresta a añadir Aristóteles, «puesto que algunos de los problemas son tales que no tenemos ni siquiera una opinión acerca de ellos» (Top., 104b 29 ss). Nuestro caso, que es el del que dice a sabiendas de su problematicidad intrínseca, se presta para contradecir a Aristóteles: el decir resulta tanto más problemático porque es el lugar del poner. Es tético puesto que, incluso cuando llegamos a la investigación cuestionadora, ya tenemos como trasfondo una amalgama variopinta de opiniones y teorías al respecto, pero no quiere ser tesis, porque al poner la afirmación, parecería incurrir en una tautología boba: decir es decir, afirmar es afirmar, hablar es hablar. Nos hallamos, entonces, en busca de una antetética o de una prototética.

Diríase, por tanto, que en vez de tesis – aquí, en vez de una tesis que diga o nombre el nihilismo – se trata, más bien, de una apófasis. Si no se afirma, habremos de suponer, por ende, que se niega. Se niega, por ejemplo en el apofatismo de Dionisio el Areopagita o de Meister Eckhart, no sabiendo lo que se niega en tanto se vislumbra a lo lejos la afirmación de lo que se niega, sino negando realmente, negando en el conocimiento de que, cuando menos, se conoce bien el ‘no’ negativo. Ante esto, algún querellante de esto que digo sin querer decir o sin ejercer una tética consecuente, apelará a la negatividad irredenta de un nihilismo negador, de una nadería de la nada que, en vez de afirmar y de contribuir al conocimiento de la ciencia, se regodearía en las oscuridades de unos escombros miserables y haría un arte del ejercicio de hacer leña del árbol caído. Algún otro podrá evocar el carácter ineludible de la tesis y me reprochará la imposibilidad de una prototética que, por abstenerse de afirmar, por recusar de toda estrategia catafática, podría bien, si es suficientemente consecuente con sí misma, quedar relegada al silencio absoluto. La célebre frase con la que Wittgenstein cierra el Tractatus, ‘acerca de lo que no se puede hablar, hay que callar’, podría tenerse, entonces, como la confesión de una derrota.

Afirmo, sin embargo, que el ‘no’ del que tiene que partir todo decir que se sabe historialmente destinado por el nihilismo, no es ‘no’ meramente negativo; es un no ‘afirmativo’ y afirmador de la vida, aunque no puede decirse que sea un ‘no’ positivo. No es un ‘no’ de lo dado, sino del porvenir.

El nihilismo siempre ha dicho. El nihilismo es afirmativo y supertético. Pone y se jacta de haber puesto, o dice que hay otro omnipotente, ponente absoluto, que ya ha puesto lo que hemos de disponer.

Según una magnífica imagen de Derrida, la metáfora «circula en la ciudad, nos transporta como a sus habitantes, en todo tipo de trayectos, con encrucijadas, semáforos, direcciones prohibidas, intersecciones o cruces, limitaciones y prescripciones de velocidad» ('La Desconstrucción en las Fronteras de la Filosofía': 35). La metáfora nos transporta continuamente – recuérdese su carácter traslaticio – y ello con el fin de «hacerme hablar, ser mi ventrílocuo, metaforizarme» (ibid: 37). Es decir, desde siempre somos conducidos. El problema, pues, no es el poner, sino el que la tesis sólo confiesa porque ya está puesta y porque ya está arrojada en el porque. El algo ya está abierto desde previo. Y en este sentido, ya hemos sido desde siempre, metaforizados. El problema es, pues, cómo decir qué sea el nihilismo sin caer, a la misma vez, en la reducción desmundanizadora de la afirmabilidad tética, esto es, sin cosificar, sin que la reificación reductora se apodere de lo dicho.

Comenzamos, así, cuestionando el decir en la estela del nihilismo, a sabiendas de que todo decir es peligroso si no cuestiona cómo ha de decir.

*Esta entrada acompaña mi Soportar el Nihilismo.


[1] En: Cómo no Hablar y Otros Textos. Trad. P. Peñalver. Proyecto A, 1997, 13-58.

[2] Annæi Senecæ: Ad Lucilium Epistulæ Morales. ‘Epistula 41/8’. 2 Vols. Ed. L. D. Reynolds. Oxford: Oxford University Press. 1965.

16 de abril de 2007

Reacciones a 'Ser y Tiempo' de Heidegger

Hermann Heidegger en la Cabaña de Todtnauberg



Estuve en el verano de 2006 en la cabaña de Heidegger, y escribí la siguiente entrada - que ahora rescato de los archivos - en remembranza: Todtnauberg: La Cabaña (Hütte) de Heidegger.

Convocatoria Nihilista

En concordancia con una feliz idea de Viejo Desencantado, convocamos a la red de blogs filosóficos y reflexivos a una discusión en torno al Nihilismo. La idea es que cada uno de quienes deseen participar, coloquen una entrada en su blog al respecto y que consecuentemente ejerzamos una discusión continuada, tanto en el blog de quien coloca la entrada en cuestión, como en nuestros propios blogs. Advierto que David Carril ya publicó su primera contribución en su Nihilismo. Una discusión. No quedaría de más el que nos dejen en la casilla de comentarios de esta entrada el aviso de su voluntad expresa de participar a quienes así lo tengan a bien.

15 de abril de 2007

David Bowie - Ashes to Ashes

13 de abril de 2007

David Bowie - Oh You Pretty Things

12 de abril de 2007

Gadamer dixit


«No se trata de una sospecha contra el lenguaje; hay que preguntar realmente hasta qué punto todo está predeterminado desde el lenguaje. ¿Fue en definitiva un lance en el juego del azar antes de toda historia mundial el que nos ató a nuestro pensamiento a través del lenguaje y que, de seguir así, llevará a la autodestrucción técnica de la humanidad?».

Hans-Georg Gadamer: '¿Hasta qué punto el lenguaje preforma el pensamiento?' (1973). Verdad y Método. II.

Götterdämmerung - Muerte y Funeral de Siegfried (i)

Götterdämmerung - Muerte y Funeral de Siegfried (ii)

10 de abril de 2007

Rilke: 'Octava Elegía de Duino'

OCTAVA ELEGÍA

Dedicada a Rudolf Kassner

«Con todos los ojos ve la criatura
lo abierto. Pero nuestros ojos están
como al revés, y completamente en torno suyo,
la cercan como trampas, alrededor de su libre salida.
Sólo sabemos lo que hay afuera por la cara del animal,
pues ya desde el principio volteamos al niño
y lo forzamos a que vea de espaldas la creación,
no lo abierto, que en la mirada animal es tan profundo.
Libre de la muerte. Sólo nosotros la vemos;
el libre animal tiene su final siempre detrás
y delante de sí a Dios, y cuando anda, anda
en la eternidad, como andan las fuentes.
Nunca tenemos, ni siquiera un solo día, el espacio puro
delante de nosotros, donde las flores se abren
interminablemente. Siempre está el mundo,
y nunca ninguna parte sin no: la pura, la no vigilada,
la que uno respira e interminablemente conoce y no
anhela. De niño se pierde uno tranquilamente en ella
y nos despiertan a sacudidas. O alguien muere y ya.
Porque cerca de la muerte uno ya no ve a la muerte,
y mira fijamente hacia afuera, quizás con gran mirada
animal. Los amantes -si no estuviera el otro,
que obstruye la vista- se acercan y se asombran...
Como por equivocación, está abierto para ellos detrás
del otro... Pero ninguno avanza y el mundo se queda
de nuevo para él. Siempre vueltos hacia la creación,
vemos solamente sobre ella el reflejo de lo libre,
oscurecido por nosotros. O que un animal, mudo, alza
los ojos tranquilamente y ve a través y a través de nosotros.
Esto se llama destino. Estar en frente y nada más que eso,
y siempre en frente.
Si existiera una conciencia como la nuestra en el seguro
animal que viene hacia nosotros en otra dirección,
nos volcaría con su paso. Pero su ser es para él
infinito, inasible, no tiene vista hacia su condición; es
puro, tal como su mirada abierta hacia delante. Y donde
nosotros vemos el futuro, ahí él ve el todo, y a sí mismo
en el todo, y salvado para siempre.
Y sin embargo hay en el vigilante, cálido animal
el peso y la inquietud de una gran melancolía.
Pues él también siempre lleva consigo lo que a nosotros
con frecuencia nos abruma, el recuerdo,
como si el sitio hacia donde corremos como impelidos,
alguna vez hubiera estado más cerca, hubiese sido más
leal, su contacto infinitamente tierno. Aquí todo
es distancia, allá todo era aliento. Después
de su primer hogar el segundo es para él híbrido
y mudable. Oh, santidad de la criatura pequeña,
que permanece siempre en el vientre que la parió.
Oh, suerte del mosquito, que aun adentro retoza,
incluso en sus bodas: pues el vientre es todo.
Y mira, la media seguridad del pájaro que, desde
su origen, casi conoce ambas cosas, como si fuera un alma
de los etruscos, salida de un muerto, a quien
un espacio acogió, pero con la figura yacente como tapa.
Y qué perplejo está quien debe volar, y proviene
de un vientre. Como espantado de sí mismo, zigzaguea
en el aire, como cuando una grieta se abre en una taza.
Así cruza el rastro del murciélago la porcelana del anochecer.
Y nosotros: siempre espectadores, en todas partes,
¡vueltos hacia el todo, nunca hacia afuera! El todo
nos colma. Lo ordenamos. Se desintegra. Lo volvemos
a ordenar y nos desintegramos nosotros mismos.
¿Quién nos ha volteado así, que hagamos lo que hagamos,
mantenemos la actitud de alguien que se va? Como quien,
desde la última colina, que le muestra una vez más todo
su valle, voltea, se detiene, permanece un momento,
así vivimos nosotros, y siempre nos estamos despidiendo».

Traducción de José Joaquín Blanco

Elegías de Duino.

Duineser Elegien.

9 de abril de 2007

Obituario Derrideano

La mejor nota necrológica sobre el deceso de Derrida que he leído ha sido escrita por Scott McLemee y fue publicada por The Chronical of Higher Education el 11 de octubre de 2004: Jacques Derrida, thinker who influenced and infuriated a range of humanistic fields, dies at 74.

Buñuel: L'Age d'Or (1930)

7 de abril de 2007

L'Affair Derrida

De Derrida, ¿qué no se ha dicho? Casi cualquier cosa. A estas alturas, es muy posible encontrar miles de referencias sobre su obra. Y aún así, la calidad de estas referencias secundarias divulgativas no deja de ser dudosa en muchos casos. Derrida es el demonio, el abogado del relativismo nihilista, el irresponsable de la ética (así lo ha llamado Hilary Putnam en Renewing Philosophy en polémica con Rorty). Uno, precisamente 'uno' si no es uno mismo y se deja envolver por ese uno-nadie de la opinión pública, no puede sino hacerse una idea de Derrida sin que siquiera haya leído alguno de sus textos; textos que, por lo demás, son muy densos. El caso es que esto es lo que sucede con muchos pensadores de gran exposición pública (Hegel, Kant, Marx, Nietzsche, Heidegger, etc.): se puede hablar de ellos por horas sin conocerlos, a saber, sin entenderlos, sin que nos preocupe lo que a ellos les preocupaba.

Yo, que me dedico a Heidegger y a la filosofía alemana, no pude evitar caer en la ignorancia de hablar como si supiera. 'Ousia y Gramme. Nota sobre una nota de Sein und Zeit', el ensayo contenido en Márgenes de la Filosofía, fue el causante de azuzar mis despotricaciones. Me tomó emprender la lectura de Introducción al 'Origen de la Geometría' de Husserl, La Voz y el Fenómeno, y El Problema de la Génesis en la Filosofía de Husserl, para darme cuenta de la gran valía de Derrida como pensador. En lo que atañe a la fenomenología, no me dejo engañar por textos mediocres, y Derrida ha producido al respecto textos preclaros, profundos, incitantes y sumamente originales.

Entretanto, cuando estaba vivo, Derrida tuvo que defenderse de las acusaciones más absurdas. Dejo como ejemplo para el curioso el celebérrimo Affair Derrida que tuvo lugar en un intercambio epistolar en The New York Review of Books (1993). Richard Wolin tradujo y publicó en su The Heidegger Controversy. A Critical Reader (1992), la entrevista 'Philosophers' Hell' sin el consentimiento de Derrida. Lo demás es historia. Derrida se envolvió en una polémica que incluyó al mismo Richard Wolin y al experto en Heidegger, Thomas Sheehan, además de intelectuales de la talla de Didier Eribon, Judith Butler, Fredric Jameson, Derek Attridge y Christopher Fynsk (estos últimos ¡en defensa de Derrida!).

Ustedes pueden hacerse su propia opinión.

Primero, el artículo de Sheehan: A Normal Nazi.

Y el intercambio epistolar:

L'Affaire Derrida (i) | L'Affaire Derrida (ii) | L'Affaire Derrida (iii) | L'Affaire Derrida (iv)

Heidegger y la 'Grammatica Speculativa'

En la tesis doctoral de 1914, Heidegger sigue polemizando en contra del psicologismo y, en consecuencia, la lógica continúa siendo rescatada por su carácter intemporal, nunca atado a la contingencia de los hechos mentales. Aquí sigue operando el legado de Braig sustentado en la convicción de Lotze de la validez lógica: la entidad lógica no es, sino que vale (‘Es ist nicht, sondern es gilt’, según el decir lotzeano). En Heidegger, el problema de la validez lógica ha pasado por la polémica contra el psicologismo que se encuentra en las investigaciones husserlianas de 1900-1901, pero no se ha renegado aún del arraigo católico. Heidegger todavía habla de una ‘naturaleza humana’ y de un ámbito irreductible y nunca traspasable, casi ‘eterno’, de la lógica: «Quizá estamos ante una dimensión última, y donde toda pregunta nueva queda necesariamente paralizada» (GA 1: 112). En esto se mostraba Heidegger detrás de Husserl por aquella época.

Pero los progresos de Heidegger son evidentes un par de años después. En la tesis de habilitación de 1916, es notable una profundización del problema lógico. La discusión de los modos de la significación de la Grammatica Speculativa de Tomás de Erfurt, alias Duns Escoto, devino una excusa perfecta para la mostración de estos avances y profundizaciones. La ontología escotista era una suerte de crítica del racionalismo teologal, principalmente de los tomistas. Era un corolario de los pareceres del doctor subtilis que la razón humana no puede adentrarse en la comprensión auténtica de la esencia de Dios, pero tampoco del propio mundo que, en cuanto creado por Dios, participa de su impenetrabilidad comprensiva. Empero, no se trata aquí de la contraparte del racionalismo, a saber, de un irracionalismo tal como al que condenaban las consecuencias ulteriores del nominalismo. Tanto Dios como su creación, el mundo, son inexcrutables para una razón decantada por la clarificación absoluta del concepto. Por ello, las cosas del mundo más vulgares y conocidas, y no solamente Dios, son para el ser humano un enigma. Dios es incognoscible con cabalidad conceptual, mas no lo es enteramente porque el mundo apunta hacia Dios, es una indicación (Hinweis) de Dios. El joven Heidegger descubre en la Grammatica Speculativa una suerte de familiaridad primordial con el mundo que apunta a Dios, pero cuya dimensión es totalmente negada en el conceptualismo racionalista que no quiere tomar en cuenta más que lo que puede cercarse en la universalidad del concepto. Empero, lo más real no son los conceptos que amarran a las cosas a una homogeneidad comprensiva.

Las cosas del mundo están regadas, separadas. Aunque ni siquiera puede decirse que estén separadas porque en la separación, como en la unión, hay ya una imposición, un ordenamiento que no está realmente en las cosas en cuanto tales. Tradicionalmente, el problema lógico se asocia con la significación porque radica en el decir pero en la Grammatica Speculativa la significación no se agota en lo judicativo; más bien, ha de estimársela como la antelación de todo decir. Las cosas son lo que son por sí mismas y si pensáramos, en un afán conceptual, que son lo que son por no ser otras cosas, esta negación del ‘no’ es ya una imposición que no está en las cosas, es el producto de una comparación entre las cosas. La distinción no está, pues, en las cosas, sino que toda distinción es cara al pensamiento. Es el pensamiento el que distingue, separa, une y ordena. Esta idea gnoseológica fundamental del escotismo se sustenta en la ontología de la ‘hacceidad’ (hæcceitas): el rasgo distintivo de cada una de las cosas de ser ‘esto que ahora está aquí’; idea reformulada por Heidegger en su disertación – valga decir que como barrunto de lo que en Sein und Zeit se llamará la Jemeinigkeit, el carácter de ser-cada-vez-mío del Dasein (cf. SZ: § 9, 42) – de la siguiente forma: «Lo que existe realmente es algo individual… Todo lo que existe realmente es un ‘tal-ahora-aquí’. La forma de la particularidad (hæcceitas) está llamada a sacar a la luz una determinación originaria de la realidad existente» (GA 1: 195).

Por supuesto que está el reparo gnoseológico de siempre que será prono a la afirmación de la incomunicabilidad del individuo: individuum est incommunicabile, porque lo que se dice de él es siempre algo universal, porque en el decir el individuo no escapa, no puede evadir, la universalidad. Al transeúnte que veo en la calle sólo por tenerlo por hombre, por más que tenga nombre, una vida propia y sea particularísimo, se lo subsume a la pertenencia universal a la humanidad. Pero, para hacer justicia con el escotismo, hace falta más sutilidad en esta objeción. Todo hablar de la comunicabilidad o incomunicabilidad del individuo está dando un salto que no ha sido justificado. Pasa de una vez a la boca que confiesa lo que sabe o dice saber y, en este sentido, se trata de algo engañoso puesto que introduce el juicio como baremo de toda inteligibilidad. Confunde el mundo con el pensamiento y malinterpreta la analogia entis.

Ahondemos lo antedicho. Antes de toda inteligibilidad conceptual – que bajo ningún término es rebajada en el escotismo sino, solamente, redimensionada, colocada en sus límites – ya conocemos el mundo, nos es familiar. De tal forma, siempre que se dice que una ‘S es P’, el ‘es’ de la relación no es una simple nada solamente porque no pueda objetivarse como la ‘S’ o la ‘P’. El ser no es, como en la Seinslehre hegeliana en Wissenschaft der Logik, «una pura indeterminación y vaciedad» (cf. WdL: capítulo primero). El ser de todo algo que es algo, en absoluto es una inmediatez indeterminada. Es decir, ciertamente, esta inmediatez no puede estar determinada en el concepto, pero el que no acepte conceptuación no significa que no sea comprensible fuera del ámbito conceptual.[1] En el ser hay una ‘determinación’ oculta que no es la del concepto; el ser no significa un algo, sino que hace que todo algo pueda significar. La inmediatez del ser es indeterminada e indeterminable conceptualmente, pero de esto no se sigue que sea incomprensible o una mera ‘nada’. El concepto, por ende, no tiene la importancia que le atribuye el conceptualismo racional y determinativo que procura el dominio sobre lo entitativo y que, así, quiere determinarlo todo, quiere atraparlo todo en conceptos al otorgar el título de ‘realidad’ solamente a lo que así amarra y aprisiona. Lo contrario sería entender mal la analogia entis. Dios no puede, como en el panteísmo, ser prisionero de su mundo y no puede identificarse con el mundo enteramente, pero tampoco es ‘el totalmente otro’ (der ganz Andere) respecto del mundo. Estamos aquí, por tanto, ante una crítica doble: contra el racionalismo del realismo crítico y contra el irracionalismo del nominalismo. Ambos son ciegos respecto del problema fundamental de la significación porque todo lo significativo no se agota en el decir ni en el concepto.

Heidegger cree que aquí ha hecho un descubrimiento revolucionario en la Grammatica Speculativa: «Duns Escoto [sic] enseña que el ámbito de la significación es independiente de lo actual» (GA 1: 243). Y los aportes que Heidegger halla en Lask le permiten ir más allá que el escotismo.

En Die Logik der Philosophie und die Kategorienlehre, Lask discernía esa sintonía, esa simpatía con el mundo que, gracias al joven Heidegger, no parece ahora descabellado retrotraer hasta los descubrimientos del escotismo, si bien no en aras de establecer genealogías y causalidades inventadas. Lask denomina ‘protorrelación’ o ‘relación primordial’ (Urverhältnis) a la unidad primigenia de la forma y la materia, al ‘sentido’ (Sinn) del objeto en su verdad. La investigación neokantiana acerca de los modos en que el sujeto recorre su camino hacia el objeto es arena movediza puesto que parte de una abstracción que no está justificada. En concordancia con la paráfrasis de Crowell de la Logik laskiana, «hay una cierta familiaridad pretemática y prepredicativa que antecede toda ocupación temática con el objeto material. La cognición positiva experimenta la claridad categorial sin conocerla. Así, como lo pone Lask, ‘vivimos en la verdad’» (2001: 62). El ámbito lógico que en la tesis doctoral heideggeriana aparecía como lo eterno, como lo no real en cuanto actualidad, es ahora la misma posibilidad de lo real y «con todo derecho merece el nombre del ser» (Kisiel, 2002: 89).

En ocasión de la publicación de ésta su disertación de habilitación, Heidegger redacta un postfacio en que se autocritica y no deja de aclarar que el ‘espíritu vivo’ – ámbito translógico en el que el significado se realiza sin conceptuación – no se agota en la «actitud teorética» (GA 1: 348). No basta, por tanto, con «un resumen que recoja la totalidad de lo que puede saberse» (GA 1: idem). Heidegger ha encontrado ahora en Hegel «el sistema colosal de una concepción histórica del mundo» (GA 1: 353). Y la metafísica, que entiende la analogia entis como entera separabilidad y que no ha podido más que partir de una consecuente dicotomía entre el sujeto y el objeto, se convierte ahora, a causa de la visibilidad de la Bedeutsamkeit, en una lógica de la acción intencional e histórica. En efecto, el abismo entre el sujeto y el objeto ya ha sido decidido en la asunción de un hiato onto-analógico entre Dios y el mundo. Hiato que es ignoto para el epistemólogo que cree que se ocupa con problemas estrictamente referidos al conocimiento.



[1] La trampa de Hegel, en este sentido, consiste en reducir toda inteligibilidad a lo conceptual.

6 de abril de 2007

Francia: Mayo del '68

«La fábrica Renault en Boulogne-Billancourt es famosa por haber sido el lugar donde comenzaron las ocupaciones de 1936 del Frente Popular. Nuevamente en el 1968, los trabajadores de Boulogne-Billancourt tomaron la fábrica. Tan pronto como los estudiantes se enteraron de la toma, se organizó una marcha de la Sorbona hasta la fábrica. Esta foto de París muestra la escena en que llegaron los marchantes. Los trabajadores son visibles en el techo del edificio; los estudiantes abajo, en la calle. Cantaron juntos la Internationale y vitorearon entre todos. Mi clase de filosofía griega con Derrida fue interrumpida por los eventos, así que fui a la marcha. Aparezco en esta foto en la parte de atrás a la izquierda, leyendo un panfleto».

Andrew Feenberg
Cátedra Canadiense de Investigación en Filosofía de la Tecnología
Escuela de Comunicación de la Universidad Simon Fraser


Textos Filosóficos en Línea

En el sitio web de la Escuela de Filosofía de la Universidad ARCIS (Chile), se encuentra a disposición una cantidad considerable de textos filosóficos en formato pdf. Los textos están disponibles en la sección biblioteca.


5 de abril de 2007

Daniel Libeskind

Daniel Libeskind (Polonia, 1946) es un célebre arquitecto y teórico de la arquitectura abiertamente influenciado por el pensamiento de Heidegger. Uno de sus logros más importantes fue haber ganado el concurso para diseñar el Museo Judío en Berlín en 1989, que abrió sus puertas al publico en el año 2001.

Libeskind se ha desempeñado además como profesor en la cátedra Frank O. Gehry de la Universidad de Toronto, en la Hochschule für Gestaltung en Karlsruhe, en la cátedra Cret de la Universidad de Pennsylvania y en la cátedra Louis Kahn de la Universidad de Yale.

Acerca de su obra, dejo a continuación un interesante texto de Ewa Domanska: 'Let the Dead Bury the Living: Daniel Libeskind's Monumental Counterhistory'. También remito a una entrada anterior de este blog (de diciembre de 2006) que trataba directamente sobre la relación del pensamiento de Heidegger y la arquitectura.

Jorge Acevedo: Heidegger y la Técnica

Coloquio Leyte • Martínez Marzoa

En Phainomena he dado con un coloquio sobre Heidegger sostenido por Arturo Leyte y Felipe Martínez Marzoa. Recomiendo encarecidamente su lectura, dado el peso de los interlocutores; ambos grandes conocedores de la filosofía alemana.

Leyte (catedrático de la Universidad de Vigo) ha publicado, entre muchísimas más publicaciones que incluyen sus sonadas traducciones de textos filosóficos germanos, Las Épocas de Schelling (1998), Heidegger (2005) y El Arte, el Terror y la Muerte (2006).

Martínez Marzoa (catedrático de la Universidad de Barcelona) ha publicado estudios que se podrían denominar casi como textos clásicos de referencia en nuestra lengua sobre filosofía alemana: Hölderlin y la Lógica Hegeliana (1995) y Heidegger y su Tiempo (1999).

De paso, remito también a una entrevista hecha a otro gran intérprete de Heidegger, el filósofo estadounidense John Sallis: Un presente heideggeriano. De Sallis conocemos sus Echoes After Heidegger (1990), Delimitations. Phenomenology and the End of Metaphysics (1995), y su primeriza y breve obra sobre Merleau-Ponty: Phenomenology and the Return to Beginnings (1973).

Verbigracia

Éste es un ejemplo de un discurso nihilista contra un 'nihilismo' mal comprendido.


3 de abril de 2007

Soportar el Nihilismo

¿Qué es el nihilismo? Pues el reino de la nadería de la nada, algunas veces asociado periodísticamente con la pérdida de los valores supremos (aquí en un uso moralista del término) o del fundamento inconcuso. La muerte de Dios, el ateísmo moderno, el desplazamiento hasta una x y todos los descentramientos que se puedan pensar (aunque nuestra época siga siendo ampliamente teológica y moralista, precisamente por nihilista). Diríase que, cuando así se concibe, hay aquí un resabio de la resonancia filosófica del término que se asocia a la acuñación nietzscheana de la transmutación de todos los valores. Es a Nietzsche, en efecto, a quien se debe la expresión 'nihilismo europeo' (cf. 'Der europäische Nihilismus', KGW VI 2, 426; KGW VIII 2, 313). Digo 'periodísticamente', como cuando se remite al postmodernismo como una suerte de corriente aciaga, o movimiento filosófico antimoderno, pasible de ser reducido a lemas y a tesis. El nihilismo sería una pose postmoderna, irremediablemente relativista e incluso reaccionaria (en tanto, según el criterio de Jameson, lógica cultural del capitalismo tardío). Pero la palabra 'nada', de la que deriva el 'nihil' del nihilismo, se mantiene aquí impensada, si bien tiene una tradición de discusión milenaria. ¿Quién es el nihilista: el que no cree en nada y abiertamente se refugia en el relativismo y en un confesado ateísmo o, más bien, el que cree en todo, en Dios, en la Democracia y en los pretendidos grandes ideales de Occidente? Voy a dar unas razones apresuradas (de carácter filosófico) y sostener que, de alguna forma, el cuestionamiento es falso, porque el nihilismo no es, no puede ser, la pose de nadie, ni la decisión de nadie, ni atañe a la perspectiva subjetivista de nadie. Es, por así decirlo, un acaecimiento historial.

En concordancia con las reflexiones tardías de Nietzsche al respecto, el nihilismo es el rasgo distintivo de la cultura europea que, ahora lo sabemos bien, se ha expandido por toda la tierra. Se trata de la 'ciencia' (Wissenschaft) ni más ni menos, o de lo que ha posibilitado la actividad científica: la teoría. Que sepamos, es Nietzsche el primero en (α) trazar el parangón entre la teoría y la contemplación, y en (β) descubrir su núcleo esencialmente platónico.

(α) En su primer libro de espanto, Die Geburt der Tragödie (1872), que, a la misma vez, lo desacreditó ante la comunidad de filólogos como un charlatán (está, por lo demás, la famosa invectiva de Wilamowitz-Möllendorf del mismo año: ¡Filología del Futuro! Una Réplica a 'El Nacimiento de la Tragedia'), Nietzsche encuentra en la tragedia una suerte de ejercicio ficcional mediante el cual el espectador tiene la posibilidad de ver su propio destino de frente, ante sus ojos, y sin que lo implique, toque o involucre. Es el nacimiento de la 'representación' (Darstellung) que trueca en objeto el propio destino y causa, en quien así está contemplando, la ficción de la libertad del destino. La actividad teorética se erige, por tanto, haciendo de la distancia ocular el principio de la objetividad. Se puede hablar aquí, como dice bien Sloterdijk, de una 'ontología ocular': «El sujeto vidente está 'al borde' del mundo, como un ojo sin cuerpo ni mundo ante un panorama - contemplación olímpica y teología óptica son sólo dos caras de la misma moneda» (Extrañamiento del Mundo, 287).

(β) El platonismo, en añadidura, significa la reducción de la inmediatez de la vida a la Idea. Es una estrategia reduccionista en que se priorizan las ideas generales de las cosas aún en detrimento de las cosas tal como nos aparecen en las conexiones vitales. Aunque Nietzsche insista que no hay una sola línea recta en la naturaleza, la teoría no ve más que lo que puede reducirse a lo general. Y así muestra su rostro nihilista: lo general ha de ser puesto como lo verdadero ante la multiplicidad de lo único e irrepetible. Sócrates reencarnará, para Nietzsche, el ideal de hombre europeo: el hombre teorético que inquiere, no por este acto justo o por aquél, sino por la justicia misma, por la Idea.

El fenómeno del Cristianismo como 'platonismo del pueblo' involucra, a su vez, una suerte de 'técnica del yo' (por hacernos aquí de una prestación de Foucault) en que las costumbres son también estimadas o valoradas desde una generalidad abstracta y no desde la vitalidad de los individuos. En toda teoría, que es presuntamente la gloria de Occidente que ha conducido a la era tecnológica, yace también la miseria europea. Así, la matematización de la naturaleza, el pensamiento calculador que todo lo categoriza, es al mismo tiempo la más grande conquista del pensamiento europeo y su más grande miseria. Es miserable porque se funda en un error (¡aunque funciona y brinda réditos prácticos innegables!) y porque trueca la vida en una mera apariencia.

'Nunca nos libraremos de Dios mientras sigamos creyendo en la gramática' (según el afamado apotegma de El Ocaso de los Ídolos) porque hay allí una estructura lógica general que se prioriza y convierte el lenguaje en un sistema controlable de reglas. El problema no es el lenguaje, sino la creencia en su estructura apriórica y los falsos problemas lógicos que derivan de ahí. La pregunta levantada en el seno de la filosofía analítca (la filosofía fundada en la superstición de la proposición como átomo del significado), how does language hook onto the world?, es, por tanto, falsa, y se asienta sobre una indiscutida dicotomía entre el sujeto y el objeto. Es una cuestión teorética.

Pero, ¿no habla Nietzsche también una lengua humana y no tiene que remitirse a los vocablos generales de un lenguaje compartido? Nietzsche lo sabe. Él sabe que sus aserciones pueden tomarse como sentencias que, a la vez, negarían o refutarían otras sentencias, sin salir de aquí del juego de las razones y de sus refutaciones. Hay dos apariencias contradictorias que pululan de los textos nietzscheanos: por un lado, Nietzsche mismo ha afirmado ser 'el primer nihilista perfecto' de Europa. De ahí el que se repita tantas veces que Nietzsche es un pensador nihilista. Pero también, a partir de lo ya argumentado en esta reflexión, hay la apariencia de una acérrima crítica del nihilismo. La contradictio in adjecto es una paradoja no ignota para Nietzsche y guarda un cierto carácter necesario.

Aquí no hay ningún predicador crítico, cuya doctrina salvaría del nihilismo. El nihilismo es un acaecimiento historial infranqueable. En el juego lógico de las razones argumentadas y de las sonadas refutaciones actúa la voluntad de poder que se quiere universal y objetiva, sin saberse como voluntad y, en esto, como mera perspectiva. Ante esto, tan mal está quien aplaude las pretendidas razones de Nietzsche como su refutador; y ello porque enfrentan el texto como creyentes: bien para asentir con entusiasmo, ora para lanzar una invectiva ácida. Por eso, el nihilismo se soporta. Se lo soporta en la escritura del texto que significa la batalla de Nietzsche consigo mismo. Por eso, el eterno retorno de lo mismo. Por eso, quien ha entendido a Nietzsche sabe que hay un llamado a luchar con uno mismo. Y nada más.

2 de abril de 2007

David Bowie - Starman

1 de abril de 2007

Insisto: ¡'Broken Saints'!

Vean, amigos y amigas: debo insistir acerca de esto. He colocado una entrada infra sobre 'Broken Saints' y no he recibido ningún comentario. Todos comentan a Rilke, las imágenes de monstruos, las fotos de Saudek, los textos filosóficos, las maravillas cortazianas y hasta los cortocircuitos del poetrastro asaz prosaico. Pero ni una palabra sobre 'Broken Saints'. El asunto está así, por si no confían en mis gustos. Pueden leer el artículo de wikipedia sobre esta maravillosa propuesta visual, alucinante y mística hasta el espanto. Además, pueden ver este website y leer esta entrevista hecha a Brooke Burgess, el realizador in persona. Cuando se den cuenta de semejante esperpento, harán como yo: irán aquí y comprarán los 4 DVDs (y si no me pedirán desesperados que les queme los ejemplares e ilegalmente se los envíe por correo postal: Vamos, esto es Latinoamérica... Así que ¡viva la piratería!).

En el interim, creo que podrían realmente atreverse a ver el capítulo que les dejé en el post susodicho. Es daily motion, así que hay que ejercer unos minutos de paciencia y devolver el cursor un par de veces para que se deje ver. Ustedes saben.

Bueno, me dirán.